domingo, 30 de agosto de 2015

domingosa

es curioso en dónde deposita una los momentos que cree serán de felicidad
los evaluás, sopesás, desechás, elegís.
y después,
cuando sos feliz
cuando en ese momento
fugaz
en que estás
sintiéndote bien,
y, te das cuenta
de que después de eso,
la vas a pasar mal.
ahí, exactamente ahí, es que pensás: ¿lo delego? ¿lo vivo? ¿lo disfruto? ¿es disfrutar si mientras lo vivo sé que después no voy a disfrutar el recuerdo?
el recuerdo. 
y ahí es donde nuevamente comenzás a depositar deseos en momentos de felicidad venideros. momentos que no se parecen en nada a los que en verdad te hacen feliz. a esos que te hacen sentir basta. y decidís que sí, que lo vivís, y que te llenás. porque no se puede no ser feliz cuando lo estás siendo. sólo te ponés un poco triste por tu yo futura, una que se va a sentir muy vacía después de haberse sentido tan basta, una que va a añorar la plenitud y que va a volver a depositar en futuros plausibles felicidades que no serán como las planeó. como las evaluó, sopesó, desechó, y no, no elegió.

jueves, 30 de julio de 2015

año nuevo, vida nueva

este año iba a ser mi año
pero me descubro perdida
descubro que ya no leo
que hace mucho no me sorprendo sonriendo a mitad del estudio
que no leo programas con entusiasmo

me encanta proyectar a futuro
pero descubro que es mi único goce

extraño agarrar una novela y no parar
extraño llorar con un poema
extraño cagarme de risa en el tren con un libro en la mano
o estallarme con un chiste cerradísimo y exclusivo de un pequeño grupo de estudio,
reírme en una clase de un chiste que no sería gracioso en otro contexto
y ser feliz con eso

me encanta estudiar
pero descubro que me da demasiada desidia hacerlo

extraño a la pibita de veinte años que leía poesía queer y se entusiasmaba y flasheaba ser teórica de género
pero lo que en verdad extraño de esa pibita es el entusiasmo, que no sé dónde mierda lo dejó, y moriría por reencontrarlo donde siempre lo encontraba. porque a esta pibita nueva, a la que dejó dos carreras, le está costando saber dónde buscarlo.

miércoles, 30 de abril de 2014

Tengo pavor. Vuelvo cansada cada noche, cada mediodía, cada tarde. Y cuando estoy, dormida, en un tren a las cero horas, tengo la certeza de estar haciendo las cosas bien. Pero no estoy orgullosa de mí. Es un esfuerzo que ni por asomo me hace feliz. Estoy cansada, sí. Hago las cosas bien, sí. Pero no es lo que quiero hacer. Y, ¿qué es lo que quiero hacer?

Me aterra la idea de una vida en donde mi único alivio sea llegar al fin de semana, donde mi meta más codiciada sean las vacaciones de verano y donde la total y plena felicidad se encuentre en mi jubilación. Quiero disfrutar. Sé que los servicios médicos, los descuentos jubilatorios y los días de vacaciones pagos van a ser la confirmación de que todo empieza a terminar para mí. Y lo sufro. Quiero disfrutar.

¿Es tan mala la idea de llegar y dejar el trabajo en el trabajo? Y de fondo escucho una patética canción infantil cantada por una persona que vive en base a esa elección y otra vez me atemorizo de mí misma, de las decisiones que puedo llegar a tomar.

Temo de mi incapacidad para tomar elecciones beneficiosas cuando dejo que mi desidia o tristeza las tome por mí. Temo de mí. Y es conmigo con quien tengo que vivir. Es a mí a quién debo mi felicidad. Pero siento que no puedo exigírsela, o que tengo demasiada desidia y tristeza para hacerlo.


Estoy desesperada. Desesperada por saber qué hacer. No. Desesperada por saber qué querer. Quiero querer algo. 

jueves, 20 de marzo de 2014

Íbamos a ser dos. Un chiquito y yo. Al principio no, pero después sí, y yo lo esperaba porque eventualmente iba a llegar y lo iba a abrazar y ahí íbamos a ser los dos. Y yo estaba ansiosa porque iba a llegar e íbamos a ser dos. Y yo estaba ansiosa. E imaginé tardes de juegos y noches de cansancio, pero con cuentos. E imaginé ese cumpleaños en el que vos estabas abrojado a mi cintura y yo tenía unas medias rayadas de payasa y había chicos corriendo a nuestro alrededor, porque yo te sostenía en alto, porque vos ibas a reventar una piñata e iba a haber una lluvia de golosinas, juguetes y papelitos. Entonces los chicos se agolpaban debajo y nos miraban con la boca abierta y la mirada expectante, porque algo fabuloso y de una violencia hermosa estaba a punto de suceder, y vos sonreías y te faltaban dos dientitos, que dejaban dos ventanitas que exhibías orgulloso, por las que pasaba aire, y podías hacerlas silbar. Y nunca llegaba a suceder en verdad, porque me gustaba imaginarnos juntos en el momento anterior al suceso, que siempre es lo más emocionante. Y ahora, quizás, hubiera estado bien que haya imaginado el momento completo, porque ya no puedo imaginarlo más, porque ya no estoy más ansiosa. Porque ya no vas a llegar, ya no va a ver una eventualidad. Y entonces soy de nuevo sólo yo, y ese lugar al que iba para ponerme nerviosa y jugar con vos ya no está más, porque soy de nuevo sólo yo.

domingo, 3 de noviembre de 2013

Tomando helado en la esquina

Cuando yo era chiquita, creía que tener veinte era ser re grande. ¿Cómo nos ven a los treinta? Creo que nunca voy a tener un auto. Pero si tuvieran uno, ¿cuál querrían? 
 
estoy por cumplir veintidós años
hago ñoquis
dejé de estudiar
ya casi no leo
estoy barrileteando
y estoy por cumplir veintidós años

viernes, 25 de octubre de 2013

la muerte es curiosa, porque no llega a tu conciencia hasta que llega.
te dicen que tal murió y vos, automáticamente, pensás que no puede ser, y de ahí devienen los "pero si yo recién...". y sí, vos recién. pero se murió igual.

es viernes, y yo planeaba ver pelis con amigos, pero amaranta se vino a dormir a mi pieza. lo cual es raro, porque ya casi nunca lo hace. pero los bichos son más sensitivos que uno, y saben que vos necesitás que estén ahí antes de que vos lo sepás. y ahí viene mamá y me dice. y yo lo primero que digo. es "no, es mentira". porque uno cree que si lo niega no va a ser verdad. pero sí, se murió. y voy y la miro y no me doy cuenta por un buen rato. hasta que sí, y cuando sí, lloro lloro lloro lloro y me tengo que sentar en el canasto de las verduras porque lloro lloro lloro lloro, y mamá me escucha y viene conmigo me abraza y lloramos. "lo odio". y realmente lo odio. lo odio mucho.

y pensar, que hace un rato, mientras la acariciaba porque se sentía mal, vi que le estaba empezando a salir la nueva capa de pelo, por la primavera. y pensé, hay que cepillarla, cuando se sienta mejor la voy a cepillar. y no, ya no voy a poder. y tinkar siempre olía bien, y le brillaba el pelo al sol, así, como collie. y yo iba a cepillarla e iba a poner los pelos que le saque en una bolsa y ella iba a poner cara de reina porque los collies están hechos para ser cepillados, y ella lo sabía, entonces ponía cara de reina, y se relajaba toda mientras yo la cepillaba.

sábado, 4 de mayo de 2013

cuatro - cinco - dos mil trece

esta noche le pregunté,
 le pregunté al mar,
 por qué me tengo yo que enamorar,
uuh, uuh, uhh
a veces hay que dejar pasar un rato, uno muy largo
y después 
¿y después?

a veces hay que dejar pasar un rato...